| La Corte de los Monstruos.- |
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| Escrito por Oficina de Prensa.- |
| Miércoles, 22 de Febrero de 2012 02:59 |
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Si no existiera la palabra muerte, no existiría la palabra vida, cuando esta palabra engloba la desaparición de familias enteras, por su religión o ideas, es genocidio, y quién aplica dicha aberración es un genocida. Numerosas veces he analizado las consecuencias diferenciales de las calificaciones jurídicas de lo ocurrido en la sociedad como crímenes contra la humanidad o genocidio en la construcción de la memoria colectiva, un debate que atraviesa hoy el conjunto de los alegatos y sentencias producidos en los juicios internacionales. ¿Cómo puede seguir libre con todos los informes que obran en manos de fiscales, jueces y agencias, Alfredo Mario Mingolla?, ¿Por qué esta impunidad? Durante más de 20 años, vivimos una fácil y exagerada atribución del mal tan sólo a las Fuerzas Armadas, lo que permitió a los beneficiarios y cómplices del genocidio como Alfredo Mingolla pudieran disfrazarse de nuevos demócratas (fueran funcionarios políticos, jueces, religiosos, periodistas, sindicalistas, etc.). Condenar a los ejecutores militares resultó un modo de exculpar a los ideólogos y beneficiarios del terror. La inclusión del término “cívico” en la denominación “dictadura cívico-militar” constituye un paso más en la construcción de la memoria colectiva, hablando de amor, vestido de obispo, según el caso como un Mortadelo de disfraces y nunca mejor dicho, porque la apariencia es la misma. Cuando hablaba de sus locuras, que creíamos exageraciones de un demente se destacó por el nivel de explicitación, claridad e intencionalidad con la que se propuso la destrucción parcial del grupo de personas que eran asesinadas, y “caían sobre el mar de un avión en marcha”, la triste Operación Calipso. Y no hay mejor expresión para dar cuenta de ello que la denominación elegida por los propios genocidas tal como decía Mingolla para bautizar su empresa: proceso de reorganización nacional. Esta expresión da cuenta con precisión del objetivo y las consecuencias del terror: transformar a la sociedad a través de la instigación a la delación, la destrucción de las redes sociales de solidaridad y cooperación y la creación de un sistema de desconfianza generalizada que subsiste hasta el presente, como presupuestos necesarios para las transformaciones económico-sociales iniciadas en dictadura pero efectivizadas en la democracia de los veinte años siguientes como fue su Argentina natal. Secuestros, asesinatos con mano fría e intención…. Hacen de estos individuos, una Corte de los Monstruos. Acusamos públicamente, y nos comprometemos a que la Justicia Internacional persiga a un “asesino”, que tiene manchada las manos de seres inocentes, de personas, que lo único que sentían eran sus ideales, creencias y sentimientos. El Príncipe de Septimio-Bathzabbay el Tadmur Alfredo Mingolla a su llegada a Buenos Aires, el 17 de Febrero de 2.012 procedente de Lisboa, después de casarse con una portuguesa a fin de conseguir la doble nacionalidad
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